martes, 25 de septiembre de 2012

El TRINO DEL DIABLO

Giuseppe no podía evitar escuchar la melodía que viajaba junto al viento, Pirán, la ciudad donde nació, le parecía muy hermosa, en pleno siglo XVIII brillaba de entre todos los lugares más rebuscados de Europa junto a París, Londres, entre otros, al menos él estaba completamente seguro de ello, sus ambientes, sus habitantes, era en ese lugar y esa época en la que vivía. Él estaba destinado a seguir una carrera eclesiástica, pero había dejado los hábitos por amar a una joven de modesta condición, decisión que sin duda alguna causó la furia de su familia y la del cardenal Cornaro de Padua.

Estaba seguro de que debía ocultarse por lo que se refugió en el monasterio de Asis, por desgracia la mujer que había decidido hacer su esposa era la favorita del cardenal. Los días pasaban lentos y monótonos, la vida no estaba tan llena de dicha como al principio parecía estar, siempre es así, siempre que se ama a la mujer incorrecta pero incorrecta por la sociedad, incorrecta por las normas que tú familia puede darte o simplemente incorrecta por qué no te corresponde, por amor siempre se sufre.

- Una noche, en 1713, soñé que había hecho un pacto con el diablo y estaba a mis órdenes. Todo me salía maravillosamente bien; todos mis deseos eran anticipados y satisfechos con creces por mi nuevo sirviente. Ocurrió que, en un momento dado, le di mi violín y lo desafié a que tocara para mi alguna pieza romántica. Mi asombro fue enorme cuando lo escuché tocar, con gran bravura e inteligencia, una melodía tan singular y romántica como nunca antes había oído. Tal fue mi maravilla, éxtasis y deleite que quedé pasmado y una violenta emoción me despertó. Inmediatamente tomé mi violín deseando recordar al menos una parte de lo que recién había escuchado, pero fue en vano. La melodía que compuse entonces es, por lejos, la mejor que jamás he escrito y aún la llamo "El trino del Diablo", pero resultó tan inferior a lo que había oído en el sueño que me hubiera gustado romper mi violín en pedazos y abandonar la música para siempre... -

Escribió en su diario con la finalidad de jamás olvidar dicha experiencia, el mismo diablo se había manifestado a él, pero en realidad no había necesidad alguna de escribir aquello, era seguro que no olvidaría aquella melodía que jamás logró reproducir, sin embargo, en sus intentos escribió la obra mas bella que pudo crear, y fue escuchada y alagada como un poema que solo puede nacer en una noche de locura, en una noche de pasión y emociones, era tan hermosa, cuando Giuseppe la tocaba empezaba suave como si susurrara, como si pudiese ser confundida con el mismo viento para separarse completamente de su calma y estallar en sonidos capaces de llenar la mente de la persona mas cuerda con las mas extravagantes alucinaciones.

Murió sin poder reproducir nunca la melodía original, la que el diablo tocaba, Tartini, era así como se apellidaba, se fue a tocar su trino, nadie sabe si a Dios o al diablo, un 26 de febrero de 1770 cuando tenía 77 años, víctima de la gangrena desapareció de entre los vivos, desapareció como el sonido suave y chillón de un violín cuyas cuerdas están a punto de quebrarse, y la gente habló y lo volvió una leyenda, y la gente aun habla, claro solo los capaces de recordar quien fue Giuseppe Tartini o la melodía del Trino del Diablo.


















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