viernes, 12 de octubre de 2012

Carta Dominical



Mucho se dice sobre mi, mucho se dice se lo que quiero, tal vez ellos lo saben pero yo aun no.
Algunos piensan que soy un monstruo, otros creerán que fui ingenuo por confiar en alguien tan hábil y desleal, lo único que puedo decirles es que admito mi culpa, la admito el día de hoy, día mi muerte, día en que mis hijos descansaran de la vergüenza de pertenecerme como tales, vergüenza de ser quien soy un asesino no confeso hasta ahora.
El poder que tuve en mis manos lo deje escapar, sacrifique a mi familia y hoy ellos luchan por mí, imploraron que mis faltas sean perdonadas y la negacion no se hizo esperar, soy ajeno a la realidad, se que no perdi nada , pero no quiero  ser visto como  un perdedor pues el orgullo de un hombre tirano como yo, se pierde... nunca.
Me encuentro solo, pero me encuentro bien, hoy tal vez sea un día de duelo cuando suelte esta pluma, tal vez sea día de fiesta cuando cierre los ojos, tal vez se unirán para llorar mi partida, tal vez se unirán para celebrar mi desceso, tal vez unos cuantos me otorguen su olvido.
Hoy día domingo, llegaron como siempre mis hijos a decirme que no dejaran de luchar por mí, ellos no entienden que yo no lo necesito, he vivido cansado y moriré de la misma forma, tal vez una muerte muy digna par alguien que desprecio la vida de quienes empezaban a vivirla.
Quien aspira al poder y quien lo asume no toma consciencia de el hasta que es ejercido ante situaciones complejas. El poder es mas que decir si o no asumiendo riesgos y culpas, culpas que yo no asumí y por tirano me negué a pagar.
Me queda poco y mucho por decir, me quedan tantas palabras pero me falta el aliento, me sobra la vida, pero me falta el tiempo, tiempo que jamás podre recuperara, que jamás podre retroceder.
Mi pulso es débil, mis ojos también lo son, mis latidos se esfuman, mi pluma cae, ya no estoy aquí.

martes, 9 de octubre de 2012

6:49





_Raul reaccionó intempestivamente al escuchar su estereo, dejando atras el sueño que creía disfrutar.
Apenas volteó reconoció el sol que ya despuntaba tras las cortinas tan azules como su cuarto. Eran días de verano y no era la primera vez que sus intentos de madrugar se veían frustrados. Efectivamente no era que olvido programar su estéreo-como lo creyó el día anterior- sino que a este le dio la gana de prenderse a las 6:49 y no a las 6:10.

Apenas se levantaba de la cama y ya sentía el amargo y espeso sabor de la sangre en la boca al despertar. Caminó al pequeño y negro lavamanos y escupió. Al ver el desorden de su pelo corto recordó que debía bañarse esa mañana, pero sólo le quedaba tiempo para lavarse el pelo. Fue algo más presuroso y hasta con menos desdén al lavadero que usaba su prima, quien sí era feliz sin madrugar. Poco a poco sentía como el agua helada aventuraba en su pelo graso y enmarañado. Movía cada vez más rápido las manos. Sentía que el pérfido reloj lo miraba, pero seguía.

Regreso a su baño y miró fijamente el espejo....notó que tenía una pronunciada y negra barba de 3 días. Como siempre, sacó sus 2 rasuradoras y comenzó cuidadosamente el trato. Se lavó la cara por última vez pero le seguía ardiendo algo, salió, se puso un polo que estaba en la canasta de ropa sucia y un jean; logró notar algo raro en su ventana: “a dónde coño se fue el sol”, dijo tras ver una oleada mínima de neblina, que aún así era y lo esperaba. Bajo tan rápido como pudo, le echó un par de aceitunas verdes, sus favoritas, y tomó el café con leche; mientras echaba un vistazo a su maleta, tomó su pasaje y salió.
Salió decidido a llevar el mismo andar caviloso, no sabía en qué, pero en algo pensaría; quizá en el dinero que necesitaba y no tenía. 

“Sabes, un cielo cerúleo no caería nada mal antes que venga el invierno”, dijo mirando al cielo. Bueno, ojalá tenga un buen día, eh-pensó mientras cruzaba la esquina, ya que por lo pronto llego algo tarde. 

Ni siquiera "tenía" una razón para llegar temprano pero aun así se apuraba, y al llegar a la Av. maldijo los carros que venían y no le permitían cruzar: “joder, se supone que en las esquinas el peatón tiene prioridad”, dijo en entre dientes. Tras esto se quedó absorto - como si fuera un niño viendo el desfile de un circo rodante por primera vez-mirando el nissan roadster negro que cruzaba, algo de guns and roses a todo volumen que no llegó a reconocer....mierda, si tuviera un carro todo cambiaría, pensó. DIOS, viejos, ah, si al menos pudiera usar el carro de ustedes...pensó-.

Eran las 7:49 cuando....., no, ya sé lo que necesito: dinero, es lo que en serio necesito –pensó como si lo hubiera aprendido tras un gran error-....

Hugo



Toda mi vida creí que acompañaría mi nombre con un apellido, no importaba cual, necesitaba pertenecer a algo o a alguien. Sin embargo reconsidere tras varios tropiezos que el apellido es lo de menos, que mi nombre bastara para saber quien soy y a donde quiero llegar, es lo único que poseo desde siempre y deseo conservarlo, seré siempre Hugo.
Hoy como siempre es habitual en mi vida, me tome con una de tantas casualidades, con una casualidad dulce que no veía hace mas de 10 años y descubrí en sus ojos que por fin me había perdonado, ¿Qué tan difícil podría ser perdonar a un niño de 10 años?, ahora creo que es muy difícil perdonar a alguien por quien hiciste mucho y te pago con poco. Juro que no sabia lo que hacia, juro que mi corazón aun la conserva como la imagen real de una madre sin embargo no puedo regresar a ella ni a el, los señores Martínez me regalaron la ilusión de un hogar y yo les devolví a cambio una hoja de papel con un adiós de niño infeliz.
Los años en el Orfanato fueron días fríos y duros sobretodo cuando llegas con algo que jamás podrás borrar como la memoria. Recuerdo que tenia 7 años cuando pise por primera vez ese lugar, recuerdo las caras de lastima acercándose a mi ofreciéndome comida y abrigo, recuerdo el trompo y las pelotas moviéndose por todo el jardín haciendo felices a todos en aquel lugar.
Cada vez que preguntaban de donde venia, no sabia que responder o tal vez no quería responder, tal vez quise olvidar que mi madre me dejo en esa puerta grande diciendo que me amaba y volvería por mi. Yo la amaba tanto, y aun la amo aunque sus besos y sus lágrimas hayan sido pocos, la amo.
Todos preguntaban ansiosos cual era mi nombre dentro de esa inmensa casa que aprendí a ver como mi hogar, tardé semanas en responder, me llamo Hugo les dije, es lo único que mi madre pudo darme desde que llegue al mundo y me aferre a el a pesar que en mas de una ocasión intentaron cambiarlo.
Los días transcurrían en aquel cuartito de infantes y el patio trasero de la casa, en muchas ocasiones entre a la dirección de la señora Rosas a conversar con parejas que me sonreirán y cogían los cachetes, yo no entendí que pasaba hasta la llegada de la señora Martínez quien se dirigió mi con ternura y dijo que me llevaría casa, y seriamos muy felices.
No tardo en cumplir sus promesas y a la semana siguiente estaba instalándome en una casa nueva con ventanas que reflejaban un hermoso paisaje, cortinas con dibujos de autos y una cama que no tendría que compartir. Fui muy feliz con ellos, fui tan feliz que olvide por un instante a mi madre, en realidad la olvide el año completo, y tal vez ella también lo había hecho.
Cuando cumplí 9 años me sentí  el hombrecito de aquella casa, pues empecé a asumir responsabilidades, limpiar mi cuarto, comprar el pan, ordenar mi ropa limpia, tal vez a otros niños eso les haya parecido aburrido pero me sentí útil, sentí que cumplía un rol importante y lo mejor fue que comencé a salir a la calle sin tener que escapar.
Una mañana, cuando el verano parecía alejarse decidí levantarme temprano y recompensar a mi padres con desayuno especial, mis ahorros de dos semanas estaban destinados a un banquete que había planeado durante todo el sábado.
Cuando Salí del edificio escuche una voz llamarme por mi nombre y supe de inmediato que era ella, tal vez no  quise voltear por miedo pues su presencia solo causaría confusión en mi vida, tal vez en ese momento no entendí que seria así, pero hoy se que fue lo peor que pudo pasar.
Ella siguió acercándose y yo me detuve esperando que sus brazos que envolvieran y sus labios me llenaran de besos, y así fue .Al principio sentí invadido mi espacio con miles de preguntas que ahora se que no tuvo derecho a formular, respondí casi todas, al final de el cuestionario me pidió que fuera con ella que regresara que había dejado a aquel hombre mayor que nunca me quiso y podríamos hacer una vida juntos.
 Yo dude en responder y le di todo el dinero que llevaba en los bolsillos, ella lo agradeció y me pidió que nos encontráramos al siguiente domingo en el mismo lugar. Al llegara casa, mis padres aun dormían, y yo fingí hacerlo nuevamente .La semana que paso  fue muy difícil, quise contarle a la señora Martínez (había vuelto a llamarla así después de ver a mi madre) pero no lo conseguí.
El sábado por la noche había tomado ya mi decisión, guarde mi ropa de invierno en una bolsita y la lleve mí, sabia que las noches serian frías al lado de mi madre, escribí una nota y la deje sobre mi cama esperando que pudieran leerla y perdonarme. Llegue ala panadería con mis ahorros, ropa y aquel trompo viejo que me recordaba los días en el orfanato.
Caminamos muchísimo, yo moría de hambre y se que ella también, llegamos aun viejo edificio al mediodía mi madre me dijo que aquel lugar se llamaba en Breña y sonrió, luego entramos a un cuartito con una cama y dos sillas, dormimos ahí esa noche, y todas las noches de aquel año. Por lo que entendí mi madre trabajaba haciendo limpieza de una  farmacia cerca a aquel lugar, volvía por las tardes para comer juntos y luego volvía. Una noche mientras ambos dormíamos alguien toco la puerta, mi madre se asomo a preguntar quien era, no logre escuchar pero supe que era aquel hombre que la había abandonado. Yo lo odiaba, y creo que el a mi, después de la muerte de mi padre, el había ocupado su lugar y lo hizo muy mal.
Mi madre no lo dejo entrar aquella noche y las posteriores, pero su actitud era distinta, en algunas ocasiones dejo de traerme comida y en la noche volví cansada sin explicarme que pasaba. Una mañana la encontré llorando y le pregunte que había sucedido, ella sintió vergüenza pero me conto que había perdido su trabajo.
No tardamos en salir de aquel cuartito, para irnos a vivir a las calles, yo aprendí a cantar y subía de micro en micro hasta que pude juntar y comprar un bolsa de caramelos que vendí de pocos, mi madre mientras tanto parecía entusiasmada con la idea que yo trabajara y ella también lo hizo durante algunos meses. Conseguí muchos amigos en las calles unos buenos y otros no lo suficiente. Yo tenia ya 14 años y las drogas eran muy frecuentes en mi entorno pero nunca las probé, aquellos muchachos intentaron que pruebe pero me negué, dejaron de insistir, y dijeron que tal vez seria un buen vendedor, y que me presentarían a quien les daba la droga.
Así fue, me llevaron donde aquel hombre, recuerdo que vivía cerca de un rio en una covacha vieja cubierta por ropa mojada, al entrar mi sorpresa fue grande al ver a mi madre junto a  ese hombre drogándose .Salí lo más rápido que pude de ese lugar y me jure no verla ni buscarla, había dejado todo por ella y ella solo me mintió. Pensé en ir a la casa de los señores Martínez pero me sentía avergonzado, luego pensé en ir al orfanato y así lo hice, llegue y conté lo que me había ocurrido y pedí que por favor no dijeran a nada a los señores Martínez. Desde aquella vez, olvide el apellido Martínez para no avergonzar a quienes tanto me dieron.

jueves, 4 de octubre de 2012

La Esmeralda Devonshire


Clara tocaba el piano de cola que se encontraba en una de las esquinas de la casa, justo por delante de la ventana más grande, que tenia vista hacia el jardín, la brisa mecía a las flores que podían verse a través de la ventana de tal forma que parecían bailar acorde a las notas que se desprendían de Greensleeves. Se levantó de su lugar y caminó con un dulce menear típico en las jovencitas que tenían entre catorce y diecisiete años, se dirigía a la cocina por un poco de agua cuando su madre la interrumpió anunciándole que el Duque de Devonshire se encontraba en camino, aquella noticia entristeció a la joven, sabía que en poco tiempo cumpliría la  edad en la que su padre la presentaría en sociedad, eso implicaba que ya podría ser pretendida y el candidato preferido de su familia era Sir William Spencer Cavendish o más conocido en Gran Bretaña como el sexto Duque de Devonshire,  quien podía ser su padre sin problema alguno por cuarenta y seis años de diferencia.

Había llegado a tiempo para la hora del té, aunque la familia Dunne residía en Dublín, seguían mas las tradiciones anglosajonas que las celtas, Clara Dunne era la única hija de Annette Collingwood y Cedric Dunne, su familia no era adinerada pero la belleza de Clara había cautivado al Duque y a otros pretendientes más,  sin embargo ella sabía perfectamente que su corazón pertenecía al joven Glenn, era él lo único que pensaba mientras llevaba un panecillo a su boca al mismo tiempo que Sir William conversaba animosamente con la pareja Dunne, era su mirada, era su sonrisa, pensamientos que no la dejaban concentrarse pues este le correspondía el sentimiento, pero su amor no era aprobado a pesar de su gran amistad que nació en la infancia, Glenn que solo poseía una granja no podía competir con un Duque pero a Clara eso no le importaba. El duque se marchó y dejó en manos de la joven una preciosa esmeralda cuyo valor no podía ser calculado a simple vista, Clara caminó hacia su habitación y dejó la joya dentro de una caja de madera a lado de su cama, escuchó una piedrecilla golpeando su ventana, era Glenn quien quería que se asomara para verla a la luz de las estrellas, ella bajó con mucho cuidado para no ser escuchada y entre sus conversación le contó sobre la esmeralda Devonshire –Debes devolverla lo antes posible- le dijo alarmado, a lo que ella muy calmada le contestó que por sus padres hacer eso no era posible, pero que no se preocupara, que antes de llegar el viernes ellos ya estarían lejos.

Esa noche Clara durmió pensando en cómo sería su vida en Escocia, muy lejos de su familia, leyó un poemario y se sumergió en un sueño profundo, al despertar bajó las escaleras y se dirigió al comedor, allí se encontraban desde muy temprano sentados a la mesa los Dunne con Sir William y Georgina, quien era una joven cinco años mayor a Clara y no tan agraciada como ella - Yo los he visto, hablaron de huir-  Dijo señalando con firmeza a Clara quien entonces  dirigió su mirada hacia la mano de su madre que apretaba unos pedazos de hoja arrancada – también vi hace dos noches como se entregaba a él en el viejo granero – añadió antes de finalizar.

Clara veía a su madre llorar desconsolada y a su padre mirarla con desprecio y decepción, el rostro de Sir Willian tenía una expresión de enojo – No quiero a una mujer que ensució su nombre y al de su familia – dijo en ese momento, se encontraba tan enfurecido que parecía que mataría al primer infeliz que se le cruzara, mencionó algunas palabras más y salió de la casa azotando la puerta y por supuesto Georgina corriendo tras él, pues siempre había querido ser quien atrapara al Duque.

Los recortes de papel que Annette tenía en la mano eran restos del diario de Clara, ella lo notó al ver de reojo la mitad de un dibujo que había hecho, tirado en el piso de la habitación, y las páginas que su madre debía estar sosteniendo en ese momento eran aquellas donde narraba la experiencia vivida en el viejo granero, fue insultada y tratada como a una cualquiera, Clara corrió escaleras arriba hacia su habitación, cambió sus ropas, y cogió la esmeralda que con sumo cuidado envolvió en una tela y metió en un bolsillo, salió de su casa sin dar aviso y se marchó.

Pasaron los días y Glenn despertaba pensando en si había alguna noticia sobre Clara, caminaba cerca a su casa sin tener el valor de acercarse demasiado pues temía a la reacción de Cedric Dunne quien en un principio pensó que Clara había llegado a fugarse con él, cosa que lo sorprendió mucho pues Glenn dormía tranquilamente aquella noche en la que Cedric entró en su casa a punto de asesinar a alguien preguntando ¿Dónde está mi hija?,  vio llegar entonces a un policía, un presentimiento estremeció su cuerpo de pies a cabeza, se acercó más para tratar de oír lo que hablaban el uniformado y la señora Annette, en ese momento ella estalló en llanto, el padre de Clara salió corriendo solo para seguir los pasos de su esposa, Clara estaba muerta y había sido encontrada debajo de un puente a pocas cuadras del hotel donde se hospedaba Sir William.

Los gritos de Cedric aturdían a Glenn – él mató a mi hija – decía mientras caminaba a paso firme en dirección al hotel, Sir William estaba dándole su equipaje a su siervo, Glenn por supuesto seguía toda la escena – No huya – gritó el desdichado padre mientras Glenn veía como corría a toda velocidad, habían pruebas suficientes pues muchos habían visto aquel día a Clara hablando con el Duque que en ese momento tenía un rostro completamente inexpresivo – Ya no tengo nada más que hacer en Irlanda – dijo a Cedric quien enfureció aun más, Glenn no se animaba a salir del lugar donde se escondía estaba atónito pero sabía que no podía quedarse solo a ver, estaba a punto de salir cuando fue sorprendido por Georgina – Graci… - la interrumpió tapando con la palma la boca de esta – Os ruego que no diga nada en este momento por favor, yo debo atender un asunto -  caminó en dirección contraria y se marchó.

Notó entonces Georgina que el Duque estaba a punto de marcharse y parecía tener una discusión muy acalorada con el padre de Clara, recordó entonces su hazaña y se sintió bien pues le había quitado un buen partido a esa mocosa tan pesada, sin importarle la situación que podrían estar discutiendo, se acercó preocupada y preguntó al duque a donde iba y por qué se marchaba, este la miró fijamente y se detuvo en el objeto que cargaba en sus manos - ¿Porqué tiene usted eso? – Le preguntó alterado a lo que ella respondió – Fue un obsequio – el Duque y Cedric se miraron anonadados y llevaron a la muchacha a la policía, la influencia de Sir William permitió que esta fuera sentenciada a muerte pasado solo un día, y así fue, Georgina lloró sin descansó en aquella celda donde solo habló con una prostituta que llevaba años encerrada, al llegar la mañana murió acusada de haber matado a la hermosa Clara Dunne, lo cual dejó satisfecha a la familia, pues sus celos por la niña la habrían conducido a tan terrible acto.  

La prostituta fue liberada el día de la muerte de su compañera de celda, la única que tuvo aunque su estancia duró solo una noche, no regresó al burdel donde había sido encontrada con objetos que había robado a un conde, se dirigió hacia el lado más rural de la ciudad, a lo lejos divisó una casa bastante grande para la zona, la entrada estaba decorada con flores, la curiosidad la llevó hacia el umbral  y ahí, vestidos de negro, se encontraba un grupo de personas que lloraban sin cesar al alrededor de un ataúd, todos estaban tan desconsolados que nadie notó la presencia de la intrusa, la cual se acercó lo suficiente para admirar el rostro de la niña que aún mostraba lo bella que había sido en vida, vio enseguida una piedra extraña y gritó – esta es la esmeralda Devonshire – todos la miraron sorprendidos, todos en especial Sir William quien le preguntó -  ¿De dónde conoce esta joya usted? -  y ella dijo -  Jamás la he visto, pero anoche una desdichada mencionó a esta joya y la descripción que dio era exactamente igual a esta, de la misma forma mencionaba a una niña muerta y al hombre que se la había dado, que si no mal recuerdo se llamaba Glenn – En ese momento un silencio invadió el lugar, la prostituta no podía entender del todo la situación, y si hubiese habido menos gente lo más probable es que tomara la joya y saliera corriendo, de pronto vio que un muchacho buen mozo de unos veinte años intentó salir a toda prisa de la casa, pero fue detenido por los hombres que se encontraban fuera, vio a otros dos hombres acercarse, uno le pareció que era el padre de la niña y el otro era quien le había formulado la pregunta, lo acorralaron y fue tanta la presión que solo le quedó contar todo – pensé que me abandonaría por el Duque, yo los vi aquel día, ella lloraba a sus pies pidiendo perdón, no lo soporté y me fui, pero mientras caminaba me detuve debajo del puente que está cerca al hotel, la esperé y le pedí que se acercara, ella vino y solo después de matarla pude darme cuenta que había ido a entregar la joya como yo se lo pedí. En ese momento todos entendieron que habían condenado a muerte a la persona equivocada, Sir William tomó la esmeralda y se marchó, vivió solo y luego a los sesenta y ocho años murió, se dice que los últimos años de su vida los dedicó a contemplar la esmeralda, que le hacía recordar la belleza que poseía la desdichada Clara, algunos se atreven a decir que el alma de la niña posee la joya, y aquellos que deseen verla pueden encontrarla en Chatsworth House en el pueblo de Bakewell perteneciente a Inglaterra.

martes, 2 de octubre de 2012

Pedazo de mi vida sin control


Los rayos del sol candente, que atravesaron los ventanales, cayeron en ángulo recto a la piel blanca de su rostro dormido. El leve movimiento muscular de sus párpados comenzó la revolución del despertar. Tuvo que arquear la espalda, estirar el cuello, abrir las palmas sucias de las manos y frotar sus ojos, aún cerrados para poder ahondar su mirada, que poco a poco dejo de ser borrosa. Con la mitad del cuerpo levantado en la cama vio lo que la rodeaba. Cortados, caídos y vencidos, mechones de pelo, por todas partes, adornaban su alrededor. Levantó la cabeza mientras sus labios se iban formando para aventar un grito, solo eso, un enorme y sonoro grito. Alcanzó a tirar la sábana y saltar de la cama pero sus pies desnudos aterrizaron en una manta de cabellos que en el suelo aún dormían. Y de nuevo gritó, con tanta fuerza como una garganta infectada le pudo permitir.

Decidió liberarse de la escena de terror y salió de su habitación. De camino por el pasadizo, una hilera de cabellos la perseguía. Hasta que llegó a la sala. Se sentó en una silla de la gran mesa de comer y miró a la ventada que da a la calle. Ahí en la pared debajo del vidrio, unas tijeras recostadas esperaban, acompañado de un mechón, para ser culpadas como el arma del delito. Volteó y vio a su hermana, con el rostro asustado, un poco acongojado. Se acercó, le preguntó que había pasado. Su hermana tomo su taza de té y paso a su lado, la miró fijo, y luego alejó sus ojos marrones para dirigirse sin responder a su habitación.

Se levantó para coger las tijeras, y un leve recuerdo, casi eléctrico, le paso por la cabeza. Ella había hablado con su enamorada antes que todo esto pase, antes de dormir pelearon por teléfono pero no recordaba la discusión. Con el mechón de pelo en una mano y las tijeras en la otra, fue al cuarto donde estaba el teléfono. Al pasar frente al espejo de cuerpo entero de la estancia, notó que sus piernas, usualmente pálidas, tenían moretones entre pequeños y grandes, negruzcos y verdesinos, su polo blanco estaba cubierto de tierra, estaba llena de raspones y su cabeza un completo desastre. Alzó los brazos y sus ojos se abrieron de par en par cuando se acerco más al espejo para darse finalmente cuenta que su larga cabellera negra se había ido.

Corrió al teléfono, dejo las tijeras y el mechón a un lado, y llamó a su enamorada. Después de timbrar 3 veces, una voz áspera respondió. Le dijo que la había llamando gritando a la medianoche, pero sin decir nada lógico. Luego le había mandado un mensaje que ella se encargó de leérselo para que no hubiera duda que la razón por la que la estaba a punto de terminar era porque estaba loca.
- El mensaje dice: "Yo dentro de cuatro paredes pierdo la razón. Yo dentro de cuatro paredes no soy buena compañía. Yo dentro de cuatro paredes me pierdo en lo sofocantes pensamientos de esta mente vieja. Yo dentro de cuatro paredes me asfixio con mis propias manos. Porque quería contarte como voy desapareciendo; en un desastre de ira, resentimiento y frustración. Voy más y más, no a un sentimiento de dolor, sino lo que para mi es peor, a nada. El vacío terrible formado por el no saber en donde estás y por qué estás ahí, entonces va causando la perdida a empujones de mi deseo de respirar." Ahora adiós, no me busques.

Se quedó con el teléfono pegado a la cara, minutos después recién lo bajo y colgó. Hizo lo que todas las veces que se sentía perdida hacia, subió al cuarto piso de la casa donde le era muy fácil poder saltar al vacío si era lo que ella quería. Las escaleras para subir aún no estaban terminadas así que el cemento hosco era algo doloroso para pies descalzos. Lo que la hizo mirar para abajo y darse cuenta que había sangre por todo el recorrido hacía su lugar preferido de la casa. Más fascinada que temerosa se apresuró al último piso. Arriba, con el aire moviendo lo que quedaba de su cabello, recapitulo los sucesos. Y pensó en la única conclusión a todo era que dormida se tomó la libertad de caminar, caerse, herirse y seguir adelante, de llamar a decirle lo que se estaba guardando tanto tiempo a su enamorada y de cortarse el pelo que la traía harta, parece que de sonámbula era más valiente.