jueves, 4 de octubre de 2012

La Esmeralda Devonshire


Clara tocaba el piano de cola que se encontraba en una de las esquinas de la casa, justo por delante de la ventana más grande, que tenia vista hacia el jardín, la brisa mecía a las flores que podían verse a través de la ventana de tal forma que parecían bailar acorde a las notas que se desprendían de Greensleeves. Se levantó de su lugar y caminó con un dulce menear típico en las jovencitas que tenían entre catorce y diecisiete años, se dirigía a la cocina por un poco de agua cuando su madre la interrumpió anunciándole que el Duque de Devonshire se encontraba en camino, aquella noticia entristeció a la joven, sabía que en poco tiempo cumpliría la  edad en la que su padre la presentaría en sociedad, eso implicaba que ya podría ser pretendida y el candidato preferido de su familia era Sir William Spencer Cavendish o más conocido en Gran Bretaña como el sexto Duque de Devonshire,  quien podía ser su padre sin problema alguno por cuarenta y seis años de diferencia.

Había llegado a tiempo para la hora del té, aunque la familia Dunne residía en Dublín, seguían mas las tradiciones anglosajonas que las celtas, Clara Dunne era la única hija de Annette Collingwood y Cedric Dunne, su familia no era adinerada pero la belleza de Clara había cautivado al Duque y a otros pretendientes más,  sin embargo ella sabía perfectamente que su corazón pertenecía al joven Glenn, era él lo único que pensaba mientras llevaba un panecillo a su boca al mismo tiempo que Sir William conversaba animosamente con la pareja Dunne, era su mirada, era su sonrisa, pensamientos que no la dejaban concentrarse pues este le correspondía el sentimiento, pero su amor no era aprobado a pesar de su gran amistad que nació en la infancia, Glenn que solo poseía una granja no podía competir con un Duque pero a Clara eso no le importaba. El duque se marchó y dejó en manos de la joven una preciosa esmeralda cuyo valor no podía ser calculado a simple vista, Clara caminó hacia su habitación y dejó la joya dentro de una caja de madera a lado de su cama, escuchó una piedrecilla golpeando su ventana, era Glenn quien quería que se asomara para verla a la luz de las estrellas, ella bajó con mucho cuidado para no ser escuchada y entre sus conversación le contó sobre la esmeralda Devonshire –Debes devolverla lo antes posible- le dijo alarmado, a lo que ella muy calmada le contestó que por sus padres hacer eso no era posible, pero que no se preocupara, que antes de llegar el viernes ellos ya estarían lejos.

Esa noche Clara durmió pensando en cómo sería su vida en Escocia, muy lejos de su familia, leyó un poemario y se sumergió en un sueño profundo, al despertar bajó las escaleras y se dirigió al comedor, allí se encontraban desde muy temprano sentados a la mesa los Dunne con Sir William y Georgina, quien era una joven cinco años mayor a Clara y no tan agraciada como ella - Yo los he visto, hablaron de huir-  Dijo señalando con firmeza a Clara quien entonces  dirigió su mirada hacia la mano de su madre que apretaba unos pedazos de hoja arrancada – también vi hace dos noches como se entregaba a él en el viejo granero – añadió antes de finalizar.

Clara veía a su madre llorar desconsolada y a su padre mirarla con desprecio y decepción, el rostro de Sir Willian tenía una expresión de enojo – No quiero a una mujer que ensució su nombre y al de su familia – dijo en ese momento, se encontraba tan enfurecido que parecía que mataría al primer infeliz que se le cruzara, mencionó algunas palabras más y salió de la casa azotando la puerta y por supuesto Georgina corriendo tras él, pues siempre había querido ser quien atrapara al Duque.

Los recortes de papel que Annette tenía en la mano eran restos del diario de Clara, ella lo notó al ver de reojo la mitad de un dibujo que había hecho, tirado en el piso de la habitación, y las páginas que su madre debía estar sosteniendo en ese momento eran aquellas donde narraba la experiencia vivida en el viejo granero, fue insultada y tratada como a una cualquiera, Clara corrió escaleras arriba hacia su habitación, cambió sus ropas, y cogió la esmeralda que con sumo cuidado envolvió en una tela y metió en un bolsillo, salió de su casa sin dar aviso y se marchó.

Pasaron los días y Glenn despertaba pensando en si había alguna noticia sobre Clara, caminaba cerca a su casa sin tener el valor de acercarse demasiado pues temía a la reacción de Cedric Dunne quien en un principio pensó que Clara había llegado a fugarse con él, cosa que lo sorprendió mucho pues Glenn dormía tranquilamente aquella noche en la que Cedric entró en su casa a punto de asesinar a alguien preguntando ¿Dónde está mi hija?,  vio llegar entonces a un policía, un presentimiento estremeció su cuerpo de pies a cabeza, se acercó más para tratar de oír lo que hablaban el uniformado y la señora Annette, en ese momento ella estalló en llanto, el padre de Clara salió corriendo solo para seguir los pasos de su esposa, Clara estaba muerta y había sido encontrada debajo de un puente a pocas cuadras del hotel donde se hospedaba Sir William.

Los gritos de Cedric aturdían a Glenn – él mató a mi hija – decía mientras caminaba a paso firme en dirección al hotel, Sir William estaba dándole su equipaje a su siervo, Glenn por supuesto seguía toda la escena – No huya – gritó el desdichado padre mientras Glenn veía como corría a toda velocidad, habían pruebas suficientes pues muchos habían visto aquel día a Clara hablando con el Duque que en ese momento tenía un rostro completamente inexpresivo – Ya no tengo nada más que hacer en Irlanda – dijo a Cedric quien enfureció aun más, Glenn no se animaba a salir del lugar donde se escondía estaba atónito pero sabía que no podía quedarse solo a ver, estaba a punto de salir cuando fue sorprendido por Georgina – Graci… - la interrumpió tapando con la palma la boca de esta – Os ruego que no diga nada en este momento por favor, yo debo atender un asunto -  caminó en dirección contraria y se marchó.

Notó entonces Georgina que el Duque estaba a punto de marcharse y parecía tener una discusión muy acalorada con el padre de Clara, recordó entonces su hazaña y se sintió bien pues le había quitado un buen partido a esa mocosa tan pesada, sin importarle la situación que podrían estar discutiendo, se acercó preocupada y preguntó al duque a donde iba y por qué se marchaba, este la miró fijamente y se detuvo en el objeto que cargaba en sus manos - ¿Porqué tiene usted eso? – Le preguntó alterado a lo que ella respondió – Fue un obsequio – el Duque y Cedric se miraron anonadados y llevaron a la muchacha a la policía, la influencia de Sir William permitió que esta fuera sentenciada a muerte pasado solo un día, y así fue, Georgina lloró sin descansó en aquella celda donde solo habló con una prostituta que llevaba años encerrada, al llegar la mañana murió acusada de haber matado a la hermosa Clara Dunne, lo cual dejó satisfecha a la familia, pues sus celos por la niña la habrían conducido a tan terrible acto.  

La prostituta fue liberada el día de la muerte de su compañera de celda, la única que tuvo aunque su estancia duró solo una noche, no regresó al burdel donde había sido encontrada con objetos que había robado a un conde, se dirigió hacia el lado más rural de la ciudad, a lo lejos divisó una casa bastante grande para la zona, la entrada estaba decorada con flores, la curiosidad la llevó hacia el umbral  y ahí, vestidos de negro, se encontraba un grupo de personas que lloraban sin cesar al alrededor de un ataúd, todos estaban tan desconsolados que nadie notó la presencia de la intrusa, la cual se acercó lo suficiente para admirar el rostro de la niña que aún mostraba lo bella que había sido en vida, vio enseguida una piedra extraña y gritó – esta es la esmeralda Devonshire – todos la miraron sorprendidos, todos en especial Sir William quien le preguntó -  ¿De dónde conoce esta joya usted? -  y ella dijo -  Jamás la he visto, pero anoche una desdichada mencionó a esta joya y la descripción que dio era exactamente igual a esta, de la misma forma mencionaba a una niña muerta y al hombre que se la había dado, que si no mal recuerdo se llamaba Glenn – En ese momento un silencio invadió el lugar, la prostituta no podía entender del todo la situación, y si hubiese habido menos gente lo más probable es que tomara la joya y saliera corriendo, de pronto vio que un muchacho buen mozo de unos veinte años intentó salir a toda prisa de la casa, pero fue detenido por los hombres que se encontraban fuera, vio a otros dos hombres acercarse, uno le pareció que era el padre de la niña y el otro era quien le había formulado la pregunta, lo acorralaron y fue tanta la presión que solo le quedó contar todo – pensé que me abandonaría por el Duque, yo los vi aquel día, ella lloraba a sus pies pidiendo perdón, no lo soporté y me fui, pero mientras caminaba me detuve debajo del puente que está cerca al hotel, la esperé y le pedí que se acercara, ella vino y solo después de matarla pude darme cuenta que había ido a entregar la joya como yo se lo pedí. En ese momento todos entendieron que habían condenado a muerte a la persona equivocada, Sir William tomó la esmeralda y se marchó, vivió solo y luego a los sesenta y ocho años murió, se dice que los últimos años de su vida los dedicó a contemplar la esmeralda, que le hacía recordar la belleza que poseía la desdichada Clara, algunos se atreven a decir que el alma de la niña posee la joya, y aquellos que deseen verla pueden encontrarla en Chatsworth House en el pueblo de Bakewell perteneciente a Inglaterra.

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