Clara
tocaba el piano de cola que se encontraba en una de las esquinas de la casa,
justo por delante de la ventana más grande, que tenia vista hacia el jardín, la
brisa mecía a las flores que podían verse a través de la ventana de tal forma
que parecían bailar acorde a las notas que se desprendían de Greensleeves. Se
levantó de su lugar y caminó con un dulce menear típico en las jovencitas que
tenían entre catorce y diecisiete años, se dirigía a la cocina por un poco de
agua cuando su madre la interrumpió anunciándole que el Duque de Devonshire se
encontraba en camino, aquella noticia entristeció a la joven, sabía que en poco
tiempo cumpliría la edad en la que su
padre la presentaría en sociedad, eso implicaba que ya podría ser pretendida y
el candidato preferido de su familia era Sir William Spencer Cavendish o más
conocido en Gran Bretaña como el sexto Duque de Devonshire, quien podía ser su padre sin problema alguno
por cuarenta y seis años de diferencia.
Había
llegado a tiempo para la hora del té, aunque la familia Dunne residía en
Dublín, seguían mas las tradiciones anglosajonas que las celtas, Clara Dunne
era la única hija de Annette Collingwood y Cedric Dunne, su familia no era
adinerada pero la belleza de Clara había cautivado al Duque y a otros
pretendientes más, sin embargo ella
sabía perfectamente que su corazón pertenecía al joven Glenn, era él lo único
que pensaba mientras llevaba un panecillo a su boca al mismo tiempo que Sir William
conversaba animosamente con la pareja Dunne, era su mirada, era su sonrisa, pensamientos que no la dejaban concentrarse pues
este le correspondía el sentimiento, pero su amor no era aprobado a pesar de su
gran amistad que nació en la infancia, Glenn que solo poseía una granja no
podía competir con un Duque pero a Clara eso no le importaba. El duque se
marchó y dejó en manos de la joven una preciosa esmeralda cuyo valor no podía
ser calculado a simple vista, Clara caminó hacia su habitación y dejó la joya
dentro de una caja de madera a lado de su cama, escuchó una piedrecilla
golpeando su ventana, era Glenn quien quería que se asomara para verla a la luz
de las estrellas, ella bajó con mucho cuidado para no ser escuchada y entre sus
conversación le contó sobre la esmeralda Devonshire –Debes devolverla lo antes
posible- le dijo alarmado, a lo que ella muy calmada le contestó que por sus
padres hacer eso no era posible, pero que no se preocupara, que antes de llegar
el viernes ellos ya estarían lejos.
Esa
noche Clara durmió pensando en cómo sería su vida en Escocia, muy lejos de su
familia, leyó un poemario y se sumergió en un sueño profundo, al despertar bajó
las escaleras y se dirigió al comedor, allí se encontraban desde muy temprano sentados
a la mesa los Dunne con Sir William y Georgina, quien era una joven cinco años
mayor a Clara y no tan agraciada como ella - Yo los he visto, hablaron de huir-
Dijo señalando con firmeza a Clara quien
entonces dirigió su mirada hacia la mano
de su madre que apretaba unos pedazos de hoja arrancada – también vi hace dos
noches como se entregaba a él en el viejo granero – añadió antes de finalizar.
Clara
veía a su madre llorar desconsolada y a su padre mirarla con desprecio y decepción,
el rostro de Sir Willian tenía una expresión de enojo – No quiero a una mujer
que ensució su nombre y al de su familia – dijo en ese momento, se encontraba
tan enfurecido que parecía que mataría al primer infeliz que se le cruzara,
mencionó algunas palabras más y salió de la casa azotando la puerta y por
supuesto Georgina corriendo tras él, pues siempre había querido ser quien
atrapara al Duque.
Los
recortes de papel que Annette tenía en la mano eran restos del diario de Clara,
ella lo notó al ver de reojo la mitad de un dibujo que había hecho, tirado en
el piso de la habitación, y las páginas que su madre debía estar sosteniendo en
ese momento eran aquellas donde narraba la experiencia vivida en el viejo
granero, fue insultada y tratada como a una cualquiera, Clara corrió escaleras
arriba hacia su habitación, cambió sus ropas, y cogió la esmeralda que con sumo
cuidado envolvió en una tela y metió en un bolsillo, salió de su casa sin dar
aviso y se marchó.
Pasaron
los días y Glenn despertaba pensando en si había alguna noticia sobre Clara,
caminaba cerca a su casa sin tener el valor de acercarse demasiado pues temía a
la reacción de Cedric Dunne quien en un principio pensó que Clara había llegado
a fugarse con él, cosa que lo sorprendió mucho pues Glenn dormía tranquilamente
aquella noche en la que Cedric entró en su casa a punto de asesinar a alguien
preguntando ¿Dónde está mi hija?, vio
llegar entonces a un policía, un presentimiento estremeció su cuerpo de pies a
cabeza, se acercó más para tratar de oír lo que hablaban el uniformado y la
señora Annette, en ese momento ella estalló en llanto, el padre de Clara salió
corriendo solo para seguir los pasos de su esposa, Clara estaba muerta y había
sido encontrada debajo de un puente a pocas cuadras del hotel donde se
hospedaba Sir William.
Los
gritos de Cedric aturdían a Glenn – él mató a mi hija – decía mientras caminaba
a paso firme en dirección al hotel, Sir William estaba dándole su equipaje a su
siervo, Glenn por supuesto seguía toda la escena – No huya – gritó el
desdichado padre mientras Glenn veía como corría a toda velocidad, habían
pruebas suficientes pues muchos habían visto aquel día a Clara hablando con el
Duque que en ese momento tenía un rostro completamente inexpresivo – Ya no
tengo nada más que hacer en Irlanda – dijo a Cedric quien enfureció aun más,
Glenn no se animaba a salir del lugar donde se escondía estaba atónito pero
sabía que no podía quedarse solo a ver, estaba a punto de salir cuando fue
sorprendido por Georgina – Graci… - la interrumpió tapando con la palma la boca
de esta – Os ruego que no diga nada en este momento por favor, yo debo atender
un asunto - caminó en dirección
contraria y se marchó.
Notó
entonces Georgina que el Duque estaba a punto de marcharse y parecía tener una
discusión muy acalorada con el padre de Clara, recordó entonces su hazaña y se
sintió bien pues le había quitado un buen partido a esa mocosa tan pesada, sin
importarle la situación que podrían estar discutiendo, se acercó preocupada y
preguntó al duque a donde iba y por qué se marchaba, este la miró fijamente y
se detuvo en el objeto que cargaba en sus manos - ¿Porqué tiene usted eso? – Le
preguntó alterado a lo que ella respondió – Fue un obsequio – el Duque y Cedric
se miraron anonadados y llevaron a la muchacha a la policía, la influencia de
Sir William permitió que esta fuera sentenciada a muerte pasado solo un día, y
así fue, Georgina lloró sin descansó en aquella celda donde solo habló con una
prostituta que llevaba años encerrada, al llegar la mañana murió acusada de
haber matado a la hermosa Clara Dunne, lo cual dejó satisfecha a la familia,
pues sus celos por la niña la habrían conducido a tan terrible acto.
La
prostituta fue liberada el día de la muerte de su compañera de celda, la única
que tuvo aunque su estancia duró solo una noche, no regresó al burdel donde
había sido encontrada con objetos que había robado a un conde, se dirigió hacia
el lado más rural de la ciudad, a lo lejos divisó una casa bastante grande para
la zona, la entrada estaba decorada con flores, la curiosidad la llevó hacia el
umbral y ahí, vestidos de negro, se
encontraba un grupo de personas que lloraban sin cesar al alrededor de un
ataúd, todos estaban tan desconsolados que nadie notó la presencia de la
intrusa, la cual se acercó lo suficiente para admirar el rostro de la niña que
aún mostraba lo bella que había sido en vida, vio enseguida una piedra extraña
y gritó – esta es la esmeralda Devonshire – todos la miraron sorprendidos, todos
en especial Sir William quien le preguntó -
¿De dónde conoce esta joya usted? -
y ella dijo - Jamás la he visto,
pero anoche una desdichada mencionó a esta joya y la descripción que dio era
exactamente igual a esta, de la misma forma mencionaba a una niña muerta y al
hombre que se la había dado, que si no mal recuerdo se llamaba Glenn – En ese
momento un silencio invadió el lugar, la prostituta no podía entender del todo
la situación, y si hubiese habido menos gente lo más probable es que tomara la
joya y saliera corriendo, de pronto vio que un muchacho buen mozo de unos
veinte años intentó salir a toda prisa de la casa, pero fue detenido por los
hombres que se encontraban fuera, vio a otros dos hombres acercarse, uno le
pareció que era el padre de la niña y el otro era quien le había formulado la
pregunta, lo acorralaron y fue tanta la presión que solo le quedó contar todo – pensé que me abandonaría por el Duque, yo los vi aquel día, ella
lloraba a sus pies pidiendo perdón, no lo soporté y me fui, pero mientras
caminaba me detuve debajo del puente que está cerca al hotel, la esperé y le
pedí que se acercara, ella vino y solo después de matarla pude darme cuenta que
había ido a entregar la joya como yo se lo pedí. En ese momento todos entendieron
que habían condenado a muerte a la persona equivocada, Sir William tomó la
esmeralda y se marchó, vivió solo y luego a los sesenta y ocho años murió, se
dice que los últimos años de su vida los dedicó a contemplar la esmeralda, que
le hacía recordar la belleza que poseía la desdichada Clara, algunos se atreven
a decir que el alma de la niña posee la joya, y aquellos que deseen verla
pueden encontrarla en Chatsworth House en el pueblo de Bakewell perteneciente a
Inglaterra.

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