sábado, 22 de septiembre de 2012

Doce campanadas



Benito se escondió tras el rosal recién cortado evitando la mirada penetrante de Melón pues sabía reconocer su molestia en su cuerpo erizado como conocía las campanadas de la iglesia al mediodía.

No se iría a ningún lado , estaba solo pero decidido , no conocería cada rincón de ningún lugar como aquella vieja iglesia donde había pasado toda su vida.

Melón pensó que era un cobarde, que sus esfuerzos por convertirlo en su sucesor serian inútiles sin embargo lo consideraba el mas fiel de los mininos.

Su pelaje brillaba como una tarde verano, su cuerpo esbelto junto a su astucia lo habían convertido en el líder de los gatos de los alrededores.

No había sido fácil ocupar aquel lugar y ganarse el respeto de todos pero lo hizo y se sentía muy orgulloso de ello, lo único que le faltaba era llevarse con el a su único amigo pero estaba convencido que fracasaría.

Melón salió de la iglesia presuroso, la hora de partir se acercaba. Reunió a todos los gatos del lugar y dio instrucciones para poder huir. Todos sabían que hacer, no podían fallar, al terminar el día se encontrarían en una vieja casa cerca del lugar.

Dos horas después llego un camión, bajaron de el cinco hombres con jaulas y collares para poder realizar la tarea encomendada, los gatos mas jóvenes lograron huir con éxito aunque temerosos pues Melón no iría con ellos y se sentían perdidos. Algunos de los gatos más viejos fueron capturados, Melón trato de ayudar al resto pero quedo atrapado entre los tallos del rosal.

Los ojos de Benito eran grandes, tan grandes como hermosos, disimulaban bien la ceguera que lo ataba a ese lugar, al oír los maullidos de Melón supo que era el y se deslizo por las rejas de la ventana , nadie conocía mejor ese lugar.

Melón estaba muy lastimado, trato de auxiliar a los demás gatos pero era inútil, lo que fue un espectáculo improvisado se convirtió en una caza salvaje .el plan había fracasado, el había fracasado.


Con dificultad lograron esconderse en una de las bancas de la iglesia, fueron lo únicos gatos que quedaron libres, herido pero libre -pensó melón- mientras oía las campanadas de la iglesia tocando las doce .








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