domingo, 23 de septiembre de 2012

El último alma para Manu



Eran los frescos últimos días de agosto. La selva empezaba a mostrar su máxima expresión de la primavera. Manu se encontraba arreglando su casa cuando recibe una llamada, era un joven apuesto de dieciocho años, Kyle Nolan, estudiante francés, quien había reservado una cita para el ritual. Manu era especialista en preparar brebajes alucinógenos, sobre todo experto en la preparación del Ayahuasca. Era sábado, Kyle había entrado a la espesura de la selva, y con mapa en la mano pudo hallar la misteriosa y pequeña casa de Manu (el chamán).

Mientras caía la tarde, Kyle fue entrando en confianza con Manu, ambos tenían muchas preguntas que hacerse. Al siguiente día, Kyle amaneció con la idea de querer empezar lo más rápido posible la ceremonia. Se sentía emocionado porque era la primera  vez que probaría el Ayahuasca.  
Según la conversación que mantuvieron el día anterior, Kyle le confesó a Manu que quería liberarse de su adicción a las drogas, que estaba harto de no poder lidiar con su vida y que esto era a lo último a que recurría.

- Tengo una pena acompañada del silencio  que solo la droga me hace olvidar y a veces tengo miedo salir de mi habitación porque no sé qué sucedería si este silencio me hiciera falta, dijo Kyle a Manu.

Marcaron las tres de la tarde, el ambiente no era el adecuado, era un raro día, las nubes grises tapaban los rayos del sol, y el cielo se tornaba oscuro. Manu echaba a una gigante olla hojas muy verdes del que se desprendían olores agradables y frescos. De a poco lo mezclaba con gotas de diferentes colores que tenían una textura de jarabe.
Kyle estaba en ayunas y todo iba a su favor, menos el día, que emitía una sensación de angustia. Manu vertió el brebaje a una vasija gastada y se le colocó en las manos del muchacho. Nolan se arrodilló mientras el chamán soplaba humo de tabaco sobre su cabeza, manos y pies.

-  Shiiiuuu, fiiiuu, se escuchaba.

Esto iba acompañado de un canto telúrico que perpetuaban en los oídos de Kyle. Luego, sube despacio las manos hacia su boca para tomar la sagrada Ayahuasca. Al beber, siente el olor fermentado de las hierbas. Una fusión de los perfumes misteriosos del bosque. Lo bebe rápido y de inmediato siente una descarga eléctrica que le sacude el cuerpo.

- ¿No te arrepientes?, preguntó el chamán.

- No, no me arrepiento. Me siento mareado. Ya no hables. ¡Cállate! No lo soporto. Quiero vomitar. ¿Y si me muero? Me voy a morir…esto iba acompañado de gemidos.

Las palabras de Kyle alarmaban cada vez a Manu, quien parecía tener el control de la situación, sin embargo se percató que ya no escuchaba más gemidos, y dejó de cantar. Se asomó donde Kyle, este expulsaba líquidos de colores de la boca y de pronto su cuerpo dejó de temblar.
El chaman abrió sus grandes ojos y contemplo lo que había ocurrido. Le sacudió incansablemente varias veces. Siguió con el ritual pensando que en cualquier momento se levantaría el muchacho. Pero no fue así.

- Está muerto. ¿Ahora qué hago? No sé que hacer.

Era de noche y el viento soplaba fuertemente contra las hojas de los árboles. Empezó a cavar un hueco, las gotas de sudor caían sobre la tierra virgen. Arrastró a Kyle hasta el hueco y tras varias pateadas se aseguró de que no estaba vivo. Ese día después de intensos meses de sol, empezó a llover. Para persuadir el bulto que se había creado por la fuerza de la tierra aplastada, le colocó hojas secas y mucha paja.
No fueron las mezclas de pastillas con ansiolíticos ni un exceso de droga. Solo fue un alma débil y deprimente que buscaba liberarse de este mundo que le ofusca y magullaba con frecuencia su juventud.
Kyle esta una mejor vida o tal vez no; Manu, condenado a pagar los pecados del otro.



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