Era
once de setiembre, mi vuelo hacia la zona del Vraem estaba por salir, abordé el
avión algo emocionado pues esta era la primera vez que cubría una noticia fuera
de Lima, subí mis maletas con mucho cuidado,
allí había una laptop, ropa para tres días y una canon de lente intercambiable
la cual no era necesaria del todo pues viajaba con un camarógrafo que poseía el
equipo necesario. Despegamos a las tres de la tarde y llegamos aproximadamente
a las cuatro y media, nos hospedamos en un hotel, dejamos nuestras cosas y
fuimos a la zona a buscar la información
por la que habíamos ido a dicho lugar, no fue fácil, los militares que rondaban
la zona nos advirtieron de los peligroso que era estar en aquel lugar, pero
debo admitir que en lugar de producirme algún tipo de miedo solo hacía que mi
adrenalina aumentara, después de todo no es como si tuviera mucho miedo a la
muerte, no la desafío pero mi vida no es la mejor de todas, es más, tal vez
estaría recibiendo un gran favor del destino si alguna bala me diera, si el
enemigo atacara y yo estuviera cerca, esta era una de las razones, el poco
respeto por mi vida, por lo cual el medio en el que trabajaba decidía mandarme
a este tipo de comisiones.
-Un
trabajo más- Pensé aburrido para mis adentros, estaba cansado, las deudas de la
casa daban saltos de un lado a otro aturdiendo todo lo que había en mi cabeza,
que no era mucho tampoco, mis pensamientos iban y venían, una casa vacía, una
novia que decidió dejarme, etc. pero bueno mi vida es una de esas donde no hay
opciones, donde no se puede escoger.
¿La
razón de porque estoy aquí? Pues el pasado viernes dos niños fueron rescatados
de una zona dominada por terroristas, dicho suceso había conmocionado a toda la
ciudad, no, a todo el país, todos cantaban victoria, dos vidas habían sido
salvadas y había que alabar a los maravillosos hombres que lo hicieron posible,
pero al ir indagando mas conocí a
Ambrosio Caso, un hombre no tan alto, delgado, con un dejo marcado, de rostro
taciturno, una persona burlada, olvidada que acababa de perder a alguien, una nieta
de ocho años de la que no se sabe cómo murió, si acaso fue un error del
ejército peruano, si fueron balas de los terroristas, la vida de Zoraida fue
tan efímera como su impacto en esta historia sangrienta, donde hay víctimas que
se sienten solas, aisladas, abandonadas y no desde ahora, si no desde hace ya
muchos años.
Ya
no puedo quejarme de la misma forma en la que estaba acostumbrado, yo no deseo
o mejor dicho no deseaba una vida que muchos otros de seguro no desperdiciarían,
la historia de aquella niña logró conmoverme ¿Qué tan justa podría ser su
muerte? El solo pensar todos los sueños que pudo tener, la vida que pudo
imaginar y yo aquí reprochando y quejándome por la mía.
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