Muchas veces me he preguntado cuándo se considera que una persona ha madurado, cuándo se puede decir que fulano ya ha madurado, o que este por fin alcanzó la “dicha” de madurar. Toma forma esta inquietud ya que muchas veces he escuchado que tal primo o prima, o tal amigo se metió en problemas, algunos hasta ahora no salen de ellos, por inmaduros. Lo que la mayoría supone a primer juicio es que alcanzando una mayoría de edad se logra madurar, quizá 17 ó 18 ó 19; ya que se está dejando o pasando una etapa de la vida, la adolescencia, para iniciar otra.
Otros también suponen o deducen que dándole o “facilitándole” responsabilidades o deberes al chico le ayudarán a su maduración. Y otros, o quizá solo yo, creen que la única forma de saberlo es cuando la persona se sienta, simplemente, madura, nada más, así de simple.
Y es que no coincido con ninguna de las dos anteriores propuestas- aunque muchas personas, por no decir padres, las consideran cien por cien seguras- en lo mínimo, me parece que sea la edad que tengas puedes sentirte “maduro” o responsable, 10, 15, 20; no veo porque tenga que haber una edad estandarizada o fija para ser considerado una persona madura, 18 años, si tan solo a los siete años uno ya detecta la diferencia entre lo bueno y lo malo. El último domingo cumplí 18 años, no veo la diferencia. Obviamente quizá sea demasiado pronto para afirmarlo, pero sinceramente me parece que mi juicio, capacidad de análisis, para con las responsabilidades, y todas esas cosas relacionadas con la “madurez”, sigue siendo el mismo de hace meses. Quizá luego lo niegue, pero creo que debería de desmitificarse y restarse importancia, relevancia y “mayúsculas” a los 18 AñOs. A la par, aunque esto me parece tan tonto y penoso, también resalta el dicho que dice: “Es un adulto, pero con mente de niño”. Respecto a lo segundo me parece peor aún, a la vez intransigente e inaceptable, ya que no creo que exista persona que a los 18 años no haya recibido responsabilidad o deber alguno. Si esto, quizá sin ninguna mala intención, se da en gran y constante medida sólo se logrará asfixiarle, abrumarle, sobrecargarle y fastidiarle la existencia a tal persona. Considero que lo mejor es “recibirlas” y hacerse cargo de ellas paso a paso, calmada y pausadamente, recibiéndolas paulatinamente me parece mejor que constante e involuntariamente.
El meollo del asunto me parece muy relativo y falto de solidez o, entiéndase, igualdad, teniendo en cuenta que muchos tenemos diversas formas de reaccionar ante los errores o irresponsabilidades, ya que esto entiendo por la madurez; mejor dicho lo veo como la capacidad que uno tiene para asumir sus responsabilidades y deberes, así como el reconocer las faltas por no asumirlos y los auto errores.
Uno puede tener todo esto muy presente, pero de poco sirve ya que apenas saliendo a la calle la sociedad te categoriza o te estereotipa, impulsados por su potente e inevitable capacidad de pre juiciosa. Esto muy bien lo “entiende” el gobierno, el cual te proporciona, por no decir obliga si tenemos en cuenta la multa, la facilidad para acceder a la obtención del DNI a los 18 años - me pregunto otra vez por qué no 17 ó 19 - así como la involuntaria “bienvenida” a los archivos de la RENIEC. Esto como identidad va bien, pero luego no dejan de lado la “acción”: la inscripción militar.
Fue un martes 16 de noviembre el que escogí como día indicado, igual solo me quedaban los de esa semana, ya que el lunes 22 vencía el plazo, y como dice mi madre “ya debería de aprender a no dejar las cosas pendientes a última hora”. Como decía, decidí escoger ese martes para faltar a la universidad, y así poder ir a la oficina de inscripción militar de la marina. Todo esto por una “simple” inscripción, por la cual me darían un carnet o, mejor dicho, constancia de inscripción militar, en la que resalta, con letras azules, la palabra seleccionado. Supuse que no era mucho lo que me perdería ese día en la universidad, y sí que tuve razón, así que le avisé a mi papá.
Este aceptó llevarme, supuse que no tenía mucho que perder esa mañana y creo que no me equivoqué, ya que a la vez solicitaría una constancia que avale su participación en el servicio militar voluntario, allá por su “lejana” juventud. El trayecto me pareció corto, así como todo el trámite realizado en esa mañana, simple y rápido. Llegamos a una calle de la que no recuerdo el nombre, la imagen que al instante percibí era la que yo mantenía del Callao: fría, húmeda, sucia, desolada, inquietante e incómoda, en fin una calle que te decía “o apuras el paso o será mejor que estés bien acompañado". Esto muy bien me lo repitió papu, como me gusta llamarlo, que a pesar de la hora, 8:00, me dijo que era mejor hacer lo primero, apurar el paso. Pero la hora ya la tenía muy presente, ya que en casi todo el camino me recriminó el no haberme levantado más temprano, 5:50 ó 6:00; y que ahora tendríamos que esperar a que “la cola” avance, ya que yo “que pensaba que era el único que va hacer ese trámite ese día”. Bueno, al menos para mí no fue sorpresa lo que vimos al llegar – ya que no era la primera vez que papu se confundía al adelantar algo, a veces parece innato en él- apenas un par de tipos como yo, ansiosos de empezar su día con un simple trámite. Como si fuera poco tuvimos que esperar más de lo “usual”, como dijo un despreocupado señor.
-No suelen demorar mucho, a eso de las 8:15 u 8:20 ya te atienden - dijo él. Bueno, pues ya eran 8:30 cuando una cabo con su boina resaltantemente blanca y un uniforme estrictamente negro se nos acercó con unas hojas encuestadoras. –Lo siento señor son sólo para los que van a tramitar su inscripción militar- le dijo a mi padre.
Era, como casi siempre, una encuesta de preguntas sencillas, pero de respuestas complejas, o al menos extensas, o quizá no lo eran pero yo siempre las veo así. Así como veía las preguntas de esa forma tenía la costumbre de responderlas lenta y tranquilamente, cuando siempre sabía que las “terminaría” apurado y fastidiado, bueno era inevitable. Así es inevitable, pero no por la cabo que ya pedía las encuestas, sino por papu que quería ver las preguntas, antes que mis respuestas, felizmente. Lo vi un poco desilusionado o decepcionado, había intercambiado algunas palabras con el mismo despreocupado señor, pero no había intercambiado ninguna cuando vio en una pared los “beneficios” de seguir el servicio militar voluntario por unos largos 5 años, “simples oficios”; fue entonces cuando me pidió, por no decir exigió, la encuesta.
Se la di y los dos, él y el despreocupado señor, la leyeron al detalle. Fue entonces cuando el señor dijo: “pero como vas a responder porque me siento en armonía con el mar y creo desenvolverme muy bien ahí en caso de un combate bélico”, respecto a la pregunta: ¿Por qué decidiste inscribirte en la marina, en caso de un conflicto bélico, antes que en la fuerza aérea o el ejército? Obviamente el tipo no entendió la exactitud de la pregunta- por qué escogiste esta y no la otra, por qué marina y no fuerza aérea- por esto replicó: “debiste responder porque simplemente amo a mi patria y soy Peruano”.
Por poco y no estallo de risa en frente suyo, sin embargo papu no lo tomó así, sino cual mecanismo de defensa instantáneo dijo: “lo que pasa es que usted no lo conoce en el mar, ahí es capaz de seguir la orden de cualquier pelele, de otra forma, bien uniformado y `equipado´”, no creo que lo haga”, risas, luego agregó “es más, con decirle que creo que éste no nació en tierra, sino allá dentro, en el mar”.
Tras escuchar esto obviamente ya no quería reir, y no es que fuera falso, sino que odio que hablen de tal persona como si esta no estuviera presente.
Seguimos esperando por unos diez minutos, en los cuales miraba de aquí para allá, mientras esos dos discutían del poco interés de los jóvenes para con sus instituciones bélicas, lo cual, según papu, era otra ventaja para el plan invasor que sostenía Chile para el 2012. Luego recordé lo que el tipo dijo, no le guardaba rencor, aunque pudo ser, sino “agradecimiento” por hacerme reir; y es que si el sistema te “obliga” a escoger una de las tres, pues puedo responder “como me venga en gana”, guardando el debido respeto claro. Simplemente fui sincero, teniendo en cuenta que me estaban “obligando” a hacer algo de lo que apenas me había enterado hace un par de meses. Digo esto ya que sólo basta con leer en el carnet: reserva disponible y, debajo de este, estudiante. Mejor dicho un actual estudiante- que en caso de guerra, según papu única e inevitablemente con Chile- tendría que sumarse a la fila de los que, como diría ese señor, “aman a su patria y por esto darían la vida con tal de `protegerla´”. Y probablemente esto último se cumpla así la ames o no, ya que ¿qué probabilidades tienen un estudiante, que sinceramente estudia, de sobrevivir en un conflicto bélico contra, según papu, experimentadísimos y capos soldados Chilenos? La respuesta no es complicada.
Si no me equivoco eran las 8:45 cuando un tipo, este también de uniforme estrictamente negro, llamó a todos los interesados en tramitar alguna clase de carnet. Tras esto se abrió de par en par un portón enormemente carcomido por el óxido, pero que alguna vez fue negro, al lado estaba ese tipo. Lo único que me pidió fue el DNI y que aguardara mi turno, osea que esperara el grito de otro tipo de negro. Bueno al menos eso creí, ya que el tipo más bien parecía uno de esos típicos oficinistas que se encuentran por doquier; y justamente antes que llamara, la tipa de la encuesta se me acercó cumpliendo lo que debe ser su “rutina de oficio”. Le dije que la hoja la tenía mi padre, que se la pidiera, logré ver que al hacerlo, papu ya comenzaba con sus comunes y frecuentes “interrogatorios”, curiosidad innata; escuche que le preguntó: cuántos años llevaba ahí, 5, qué era lo que entre todos los beneficios…
Por lo despistado que puedo llegar a ser, apenas si me fijé que había un aviso que anunciaba que los viernes no había atención, por lo tanto corroboraba una vez más el hecho de que “dejo todo a última hora”, pero en esta ocasión me estaba salvando.
Siéntese y llene estos datos -dijo el tipo con pinta de oficinista-, yo lo hice “rápidamente” y con ganas de acabar lo más pronto posible, ya que la mañana me empezaba a aburrir con tanta espera, siendo apenas las 9:15. Luego, ya llenados los datos, otro tipo, este sí era oficinista, me tomaba una foto, mientras pasaba los datos a su PC. Tras otros 15 minutos, ahí me fijé que papu seguía preguntándole “diversas cosas” a la misma cabo, me llamaron y me entregaron el carnet, el afamado, pequeño, simple y, a primera vista, insignificante carnet.
Sin duda no se le puede calificar de insignificante, ya que encierra un inmenso, complejo y, a mi parecer, absurdo significado. El significado es simple: en caso de conflicto bélico te invitan, mejor dicho te obligan, a formar parte de la tropa, simplemente porque en tu carnet resalta una palabra de 12 letras a color azul: seleccionado. En este momento lo tengo frente a mí y compruebo que es sólo una constancia de haberme inscrito en los registros militares y “figurar” en ellos. Mejor dicho figurar y ser parte de un sistema que me clasifica como “reserva disponible”, palabras explícitas en el carnet, que “confía” en que yo estoy apto para enrolarme y “hacer frente al enemigo valien…”, como diría papu. Especifico que me parece absurdo, ya que un estudiante no debe ser SELECCIONADO para cumplir esta “función” de matar, por más hábil que pueda ser, o rápido que pueda aprender no es su campo de acción ni de desenvolvimiento, simplemente no es su “asunto”. Sin afán de darle mucha cabida a las ideas de papu, aunque admito que conviviendo con él y con su constante y asiduo bombardeo muchas veces termino “siguiéndole la corriente”, creo que en este caso tiene razón al recriminar el estado calamitoso y penoso en el que se encuentran nuestras instituciones bélicas, las cuales velan por la “defensa y seguridad nacional”.
Al llegar donde papu estaba, la cabo ya se había ido, le enseñé mi carnet. Inmediatamente se rio de mi foto, pero también resaltó lo demás. Increíblemente le sorprendió que no me hayan tomado un examen médico, para así poder seleccionarme debidamente. Yo sólo quería irme.
-Ok, ahora vamos a por lo mio - dijo él. Apenas doblamos la cuadra ya me estaba mencionando todas sus conclusiones a partir de lo observado en esa mañana, que “recién empezaba”, según él. Ese tipo sí que era un cerrado total, no aceptaba nada de lo que yo le decía, cree que todo anda bien en el aparato militar, cuando todo está corrompido y podrido por dentro, creo que tenía un familiar haciendo su servicio militar voluntario - dijo acerca del despreocupado señor. Yo ya encontraba algo en que pensar mientras él seguía hablando. Yo, sólo quería irme. Sin lugar a duda, tan sólo en ese momento ya podía afirmar que ese era un martes cualquiera.
Paulo Ramos
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