Por presiones de mi madre, por fin vi a mi tía, me hubiera gustado no ver, se encontraba muy decaída, me parece que ya ni me reconocía, su cuerpo temblaba y se levantaba ligeramente de la cama (son las imágenes que más recuerdo). No quería que alguien me vea llorar, las lágrimas se escaparon posteriormente en el auto de un primo, que de manera muy atenta decidió llevarnos a nuestro hogar. Recién en esos minutos desanimados me di cuenta que podía ser el ultimo día. A la mañana siguiente mi madre fue a despertarme muy desesperada, era viernes y falté al colegio, decidimos ir a visitarla, en el trayecto, mi celular vibró como nunca lo había hecho, era la esposa de mi primo, nos dio la noticia, había fallecido. Llegamos a la clínica, vimos el cuerpo, no lo podía creer, si hace unos meses andábamos por el norte a muy tempranas horas con el corazón, y una expectativa diferente. Hoy era la despedida, todos sentían un abrazo solitario, era sábado, un sábado que parecía invernal con el típico ya, cielo gris.
Maria Claudia Manzanilla
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