Sin duda me parecen increíbles las decisiones y actitudes que tomamos frente a diversas situaciones. Pero me refiero exactamente a la intención y voluntad con las hacemos.
Comúnmente se cree que estas serán idóneas y óptimas en la medida en que se madure, pero lo cierto es que muchas veces la contra postura de esto nos puede sorprender. A mí me sorprende, me considero una persona madura: 17 años y exactamente 16 días para ser considerado un ciudadano por el estado- en realidad ya tengo 18, esto fue escrito en noviembre. Entre muchas cosas me asombra, por ejemplo, el nivel o grado de autoconfianza exacerbado que podemos tener ante unas situaciones; lo cual, casi siempre, genera consecuencias negativas. Pero esto suele pasar muchas veces desapercibido, incluso padeciendo los efectos negativos no nos inmutamos ni nos retractamos. Creo que esto debe cambiar entre las posibles actitudes que mantenemos. Por estas características nombradas - quizá la principal podría ser calificada como omnipresencia, al encontrarse en todos, o al menos en muchos - se podría entender como un vicio invisible, o un virus difícil de notar. Me refiero a todas las oportunidades en que optamos por escoger lo negativo, lo perjudicial. Lo nocivo y dañino suelen presentarse de diversas formas en nuestro día a día, pero cuando nosotros lo buscamos e incitamos ya es más que mala suerte. Quizá un ejemplo ayude a entender esto: El año pasado, cuando cursaba el quinto de mi secundaria, yo, mis padres y, supuestamente, el tutor de tal academia pre universitaria nos propusimos alcanzar un objetivo: que yo ingrese a la universidad. 350 vacantes para el triple de postulantes, de cada 3 postulantes uno ingresaba, los otros dos rezagados, bueno, pues yo fui uno de los rezagados.
Diversas razones motivaron este declive, pero hago énfasis en la que va relacionada con la actitud y el accionar. Si bien una lleva a la otra, las dos van de la mano y son indispensables para que una se cumpla acorde con la otra. No considero que tuve un exceso de confianza, ya que a pesar de estar relajado en las vísperas del examen de admisión, algunas dudas se mantenían, aunque no necesariamente académicas. Pero en algún momento, especialmente cuando ya se comenzó el trazo de algún objetivo o plan, quizá tontamente, sentí que me confiaba, y es mas debía de hacerlo.
La opción del ingreso era totalmente factible, y así lo veía yo, pero es en momentos como estos, en los que a pesar de tener la oportunidad al frente nuestro, no la sabemos aprovechar. Sin duda es eso, desaprovechamos y derrochamos oportunidades. Grave error, sin duda, pero se comete una vez y se repite otra y otra, así sucesivamente. Quizá si tuviéramos el don de saber de lo que nos vamos a arrepentir todo sería mejor; aunque sí, de esta forma perderíamos la experiencia y el conocimiento que se obtiene a partir de esta, lo cual es esencial para aprender.
Aunque hay que reconocerlo, de esta forma muchas oportunidades no se dejarían de lado. Y tú ¿últimamente has tenido algo de que arrepentirte?
Paulo Ramos
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